Un nuevo pacto social para la integración latinoamericana: Pensamientos a la luz de Fratelli Tutti

Por Luciano Bizin

Magister en Diplomacia y Política Exterior (UCES)

Comité de Geopolítica y Relaciones Internacionales

Palabras Clave: Francisco, Fratelli Tutti, Integración, Latinoamérica, Pueblo.

El COVID-19 ha modificado la escenografía mundial desvelándonos con mayor claridad, que el pacto social que hemos suscrito como comunidad internacional, lejos está de favorecer la consecución del bien común.

La necesidad de un nuevo pacto social global


Basta con remitir algunos datos provistos por organismos de las Naciones Unidas, el Banco Mundial, el BID, la CEPAL, entre otras entidades internacionales y regionales, para notar que como seres humanos no estamos caminando de forma integral hacia el bien común global. Si “las 26 personas más ricas del mundo poseen tanta riqueza como la mitad de la población mundial


Si más de 740 millones de mujeres en el mundo trabajan en la economía informal; si en Latinoamérica se está previendo para finales del 2020

“[…] un aumento significativo del número de personas en situación de pobreza en 45,4 millones alcanzando a un total de 231 millones (37,3% de la población) y un incremento de 28,5 millones en el número de personas en situación de pobreza extrema alcanzando a 96,2 millones (15,5% de la población)”

Resulta claro que el pacto social actual no es justo ni solidario con todos/as los/las habitantes de este planeta.


A esta situación mundial se suma que la región latinoamericana se encuentra atravesando geopolíticamente una polarización ideológica entre los llamados partidos de “izquierda” (o centro-izquierda) y de “derecha” (o centro-derecha); dando lugar así, a un sinfín de nominaciones que por su ambigüedad, pocas veces describen con igualdad de criterios, la orientación política de los que ejercen el poder como oficialistas u opositores.


Peor aún, dicha polaridad no es ajena a una marcada intencionalidad metodológica de descalificación de los otros: “nacionales y populares” vs “vende patria” o “neoliberales”; “populista” (en sentido peyorativo) vs “progresistas”; “aquellos que gobiernan para el pueblo” vs “los que gobiernan para las grandes corporaciones de sus amigos”; “demagogos que hacen política con los pobres para mantenerse en el poder” vs “los que trabajan por la inclusión de todos según la regla del progreso”; “nacionalistas” vs “establishment”. Estas descripciones polares poco ayudan a cumplir la idea -siempre latente- de conformar un solo bloque regional, o el tan comentado sueño -¿polarizado/ ideologizado?- de patria grande.


Más allá de la postura política que profese cada cual resulta evidente que en un esquema polar-regional de este tipo, no es posible pensar en un proceso de integración plural que no sea según la regla de la eliminación del enemigo o del que piensa distinto. Este es un camino que jamás puede llevarnos al bien común social. Si queremos alcanzar este preciado bien, que se logra de forma comunitaria y no individualmente, es necesario pensar un nuevo pacto social.


A nivel mundial, el Papa Francisco nos ha regalado la Encíclica social Fratelli Tutti (en adelante FT); a saber, un escrito que se encuentra dirigido a todos los hombres y mujeres de buena voluntad. Este documento nos invita a pensar la sociedad post-COVID-19 como una sociedad más justa, solidaria, fraterna, de amistad social, e integrada…en una única humanidad capaz de caminar como un nosotros poliédrico hacia el bien común.


El pacto social actual (fundado en la filosofía política moderna de T. Hobbes, J. Locke, etc) nos concibe (y estructura culturalmente) como individuos que se reúnen con otros particulares a fin de: a) evitar el miedo del estado de naturaleza previo a cualquier tipo de vida social (Hobbes); o b) para la satisfacción de ciertas necesidades personales que no se pueden alcanzar de forma aislada (Locke).


En este pacto social todos somos socios de los otros, y como tales, nos podemos des-entender (o incluso descartarnos) cuando nos parece necesario o provechoso. El nuevo pacto social que propone el Papa Francisco en FT, es un pacto entre prójimos configurado sobre la base de un nosotros-pueblo mítico; y como tal, poliédrico e inclusivo. La invitación concreta de FT es la de pensarnos socialmente desde una mirada comunitaria que no disuelve la individualidad, sino que la precede y la orienta hacia el bien común social.


Un nuevo punto de partida para un pacto social inclusivo latinoamericano


Antes de presentar el concepto mítico de nosotros-pueblo presente en FT, como nuevo punto de partida de un nuevo pacto social capaz de dirigirnos hacia el bien común integral, resulta necesario aclarar algunas cuestiones terminológicas, a fin de evitar así, confusiones o lecturas incorrectas de las categorías claves de este nuevo pacto que nos debemos como sociedad.


En el actual contexto regional polarizado, los términos pueblo, popular, pobres como lugar hermenéutico, entre otras categorías… despiertan simpatías en los miembros de los grupos de un extremo de la polarización, y generan tensión o reacción en los otros. Pero ¿Qué dice el Papa Francisco con respecto a estas categorías? A saber, que deben ser entendidas míticamente, y no desde la usual perspectiva socio-económica.


Si bien hay ramas de la filosofía latinoamericana de la liberación que utilizan estas categorías socio-económica o socio-políticamente (siguiendo la clave de lectura provista por corrientes de carácter materialistas-históricas ligadas al cuerpo de pensamiento marxista); otras líneas de pensamiento de ese mismo cuerpo filosófico regional (que piensa la filosofía desde América Latina), tal como la filosofía de la interculturalidad; entienden dichas categorías desde la perspectiva mítica. Por esta razón, dichos términos también han sido utilizados por la teología de la cultura o del pueblo (teología principal de Francisco), y para hablar de cosmovisiones indígenas-tribales.


Esta ha sido la línea de pensamiento seguida por R. Kusch, J. C. Scannone, M. Casalla, C. Cullen, y el propio J. M. Bergoglio (discípulo de Scannone). Para ellos, hablar del pueblo o de lo popular no es hablar de populismo ni de masas; sino de un estar-siendo comunitario arraigado en un suelo particular (categoría simbólica), que precede a los individuos pero no los disuelve o masifica. Las categorías nosotros y pueblo nos expresan como interrelación (y como prójimos), y no como individuos que decidieron relacionarse en tanto socios.


Fuente: Vatican News


Si bien sería provechoso poder ampliar estos conceptos en otro artículo específico sobre el tema, en este, solo esbozaré algunos pensamientos propios de la filosofía, a llamar inculta, sobre el nosotros-pueblo que habita un suelo particular como lugar de arraigo (geo-)cultural y media su sabiduría popular mediante un conjunto de símbolos (geo-)culturales que compensan la inseguridad existencial que experimentamos como seres humanos. Es esta sabiduría la da que pensar y qué pensar a la filosofía, las ciencias, la teología, el arte, y al resto de las disciplinas humanas.


Una de las grandes diferencias con el pacto social actual -que ha acabado en una polarización excluyente de los distintos-, y que guarda raíces en la filosofía política europea de los siglos XVI, XVII y XVIII, radica en el supuesto filosófico y antropológico desde el cual se piensa lo social. En el pacto social de raíces europeas, la sociedad se piensa desde la mera individualidad. En cambio, desde el pensar latinoamericano, la sociedad se experiencia como un estar-siendo comunidad, en la que se permite al otro ser él/ella mismo/a.


En el primero de los modos de entendernos como sociedad, no somos más que socios que se asocian por miedo al estado de naturaleza hobbesiano, o por la satisfacción de ciertas necesidades individuales que nos sería imposible -o muy dificultoso- satisfacer (cfr. Locke).


El segundo, por el contrario, pre-concibe que somos interrelación, un nosotros-pueblo que busca compensar la inseguridad existencial que nos constituye como seres humanos, y como tal, posee una inherente nota ética -valores y bien común- y religiosa -formas de compensar la inseguridad existencial no necesariamente divina aunque sí trascendente-; que se autolee en clave histórica y mítico/cultural (la historia de los centros de mediación simbólica del pueblo hacia el bien común integral).


Si se comprende bien lo anterior, el nosotros-pueblo se nos desvela como sujeto y no como objeto pasivo. Esto nos lleva a pensar, la segunda gran diferencia entre ambos pactos sociales: el pueblo es sujeto de la cultura, y no objeto de ciertos individuos dentro de una comunidad que determinan la esencia de la “cultura” (excluyendo a los “incultos”), que otros pasivamente deben recibir a través de diversos procesos de socialización (educación, arte, políticas públicas, etc).


Las categorías nosotros-pueblo dicen integración, mientras que en el pacto social moderno, por germen dan lugar a la división entre “cultos” e “incultos” (bárbaros que dicen bla, bla, bla), y a la (justa) reacción de la subversión, lucha de clases, modelos político-ideológicos opuestos y excluyentes, en definitiva… a la polarización.


En el nuevo pacto social los pobres son los analogados primeros del nosotros-pueblo; en el segundo, son los que sobran o deben ser formateados de otra manera (en general más aun los adultos mayores, las mujeres y los niños), y los que se levantan o reaccionan (justamente) para encontrar un lugar en la vida. Para la filosofía inculturada, el pueblo -en especial los pobres (dado que son los menos afectados por la cultura moderna)- son los principales portadores de una sabiduría popular de carácter existencial -mediada por símbolos geoculturales- que el nuevo pacto social debe comprender como nuevo punto de partida para una nueva filosofía política, que debe reflexionar sobre un nuevo tipo de integración latinoamericana, sobre la base de la fraternidad y la amistad social como camino hacia el bien común.


Camino de transición hacia un nuevo pacto social latinoamericano: Reinterpretar las categorías nosotros-pueblo


En lo que sigue se esbozarán algunas pautas concretas para iniciar el proceso de transición hacia un nuevo pacto social. En primer lugar, parece prioritario lograr desvincular las categorías pueblo y popular como términos ligados de forma exclusiva a los gobiernos populistas, partidos políticos de “centro izquierda”, movimientos de “izquierda”, etc. Si bien es verdad que dichos sectores y movimientos políticos utilizan dichas categorías desde una mirada socio-política y socio-económica de clases -que excluye lo distinto (pueblo y anti-pueblo, pueblo explotado e imperio explotador, pueblo y establishment, etc)-; eso no significa que sea la única acepción e interpretación de ambas categorías, ni tampoco, del adjetivo popular.



Si recuperamos las nociones nosotros-pueblo desde su interpretación mítica, nadie quedaría excluido, porque estas son categorías simbólicas, y como tales, integran. Por eso se propone la necesidad de instalar una nueva noción no excluyente (integracionista) de nosotros-pueblo, mediante la organización de grupos de trabajo, simposios, conferencias, congresos y webinarios, entre otras alternativas de discusión de carácter interdisciplinar (con participación popular -entiéndase bien-), que se centren en la profundización mítica-latinoamericana de ambas categorías.


Hacia una nueva política


En el capítulo quinto de FT, el Papa Francisco invita a todos los hombres y mujeres de buena voluntad a repensar la política. De ahí la necesidad de discutir una nueva filosofía política que de base no excluya sino que incluya/ integre a todos los seres humanos sobre la base de la concepción política del nosotros-pueblo (unidad plural de pueblos); a saber, la única política capaz de llevarnos a la consecución del bien común social.


Esto nos lleva a la necesidad de pensar una vez más interdisciplinariamente, desde las categorías míticas de nosotros-pueblo, la pregunta por el poder público, su fuente, finalidad, modo de ejercicio, relación con la economía y medio ambiente, etc.; a fin de proponer lineamientos de políticas públicas realmente inclusivas y no expulsivas para la región latinoamericana. Esto es una demanda inherente a la dimensión ética de la categoría mítica pueblo, que nos exige accionar por el bienestar del nosotros, evitando caer en la mera especulación teórica que solo queda en palabras.


En relación con lo anterior se propone que se lleven a cabo discusiones de filosofía política con especial participación de mujeres, jóvenes, adultos mayores, miembros de pueblos indígenas, consultores y funcionarios de organismos multilaterales (pensar en las oficinas regionales de Naciones Unidas, OEA, CEPAL, entre otros), Think Tanks, organizaciones basadas en la fe (OBF), representantes del arte, entre otros actores de la sociedad civil… a fin de guardar la interdisciplinariedad y multi-sectorialidad de toda discusión plural. También se debe pensar en la posibilidad de presentar propuestas concretas a los gobiernos locales a fin de ejercer el principio de participación ciudadana.


En el capítulo sexto y séptimo de la Encíclica, el Papa nos invita a profundizar en un nuevo estilo de vida comunitaria dedicada a la búsqueda de la verdad mediante el diálogo social, y bajo la guía del tipo de consenso que no reduce sino por el contrario favorece lo que hay de auténticamente de verdadero en las propuestas disímiles. Pensar un nuevo estilo de vida social sobre la base del nosotros -en el que todos somos prójimos de los otros- implica un compromiso con el bien moral y con la verdad.


De ahí que sea necesario repensar el lugar de los medios de comunicación, la educación, los diversos modos de expresión cultural de los pueblos, y en el ámbito de las relaciones internacionales, la elaboración de propuestas superadoras al realismo y sus variantes, basadas en la desconfianza e interés individual de los Estados y otros actores.


En relación con los medios de comunicación se propone la realización de webinarios de formación juvenil, que favorezcan la reflexión regional sobre: la relación verdad y bien moral en el ámbito de las redes sociales (¿cómo las redes sociales pueden favorecer la integración latinoamericana? ¿Cómo los medios de comunicación pueden ayudar al conocimiento de la verdad y a obrar el bien social).


En el ámbito de la reflexión de las relaciones internacionales se propone la organización de un evento regional con participación de consultores o miembros de organismos internacionales, universidades y Think Tanks, para repensar el orden internacional desde las categorías míticas nosotros-pueblo, que no excluyen per se a lo distinto, como sí lo hacen otras concepciones.


La economía auténticamente popular


Finalmente, un nuevo pacto social que no contemple la relación comunitaria con la economía y el ambiente, sería un pacto incompleto e incapaz de llevar al pueblo hacia el bien común social. La dimensión ética del nosotros-pueblo incluye la relación con los otros y con lo otro no humano: el entorno (incluso con el misterio de lo trascendente). De esto último, surge la necesidad de repensar la economía sobre bases sostenibles. La categoría geo-cultura implica una relación intrínseca de la comunidad con su medio, y puede ser provechosa a la hora de repensar dichas relaciones.


Resulta más que necesario pensar propuestas concretas sobre la forma de favorecer las economías verdes o circulares, la elaboración de productos sostenibles, un mercado financiero al servicio de la comunidad (créditos a tasas de interés bajas con perspectiva de género y a largo plazo, bonos verdes, etc), entre otros. Debemos discutir nuevas formas concretas de romper el ciclo de la extracción, producción, consumo y descarte; con el objetivo de lograr un ciclo económicamente rentable pero también sostenible para las generaciones presentes y futuras. En relación con esta temática se recomienda la organización de jornadas de reflexión sobre formas concretas de favorecer este tipo de políticas económicas en la región latinoamericana, según los criterios de participación regional, interdisciplinar y multi-sectorial.


Tampoco nos olvidemos, como dice el Papa Francisco, la tarea de repensar la dinámica del trabajo en general, en especial el de las mujeres; y las formas de evitar el trabajo infantil, repensemos como un nosotros-pueblo el trabajo, que es lo realmente popular.

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