Tensiones entre Turquía y Grecia: un laberinto geopolítico en el Mediterráneo Oriental

Por Rodrigo Ventura De Marco

Estudiante de Relaciones Internacionales (USAL)

Comité de Geopolítica y Relaciones Internacionales

Palabras clave: Turquía, Grecia, Libia, Mediterraneo Oriental, Hidrocarburos.

Con un historia atravesada por tensiones, las asperezas entre Atenas y Ankara están más vigentes que nunca. Esta vez, el motivo de la disputa entre ambos no radica en el control de Chipre o en escaramuzas fronterizas, sino que el sector energético y el control de rutas marítimas se posicionan en el ojo de la tormenta.

Las tensiones tomaron relevancia internacional a principio de este mes, teniendo su origen en un comunicado emitido por la marina turca, el cual anunciaba que durante las próximas dos semanas el buque Oruc Reis estaría operando al sur de la isla griega de Kastellorizo en busca de fuentes de hidrocarburos; cabe destacar que el buque era escoltado por una flotilla de la armada turca. Este hecho encendió las alarmas en Atenas, provocando que el gobierno griego considere dicha actividad ilegal debido a que implica una intromisión en su zona económica exclusiva. Así mismo, esta situación desencadenó que Francia movilizara a la fragata “Lafayette” junto con dos jets de combate Rafale a fin de que realicen maniobras conjuntas con las fuerzas armadas griegas. De igual manera, tanto Israel como Egipto han brindado su apoyo a Grecia, mientras que Libia ha tomado el bando de Turquía en esta encrucijada.



Es ante este contexto que debemos preguntarnos ¿Cómo se ha gestado este escenario geopolítico?


Para responder a dicha interrogante debemos retrotraernos al memorándum de entendimiento firmado entre Turquía y el Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA) de Libia a fines de 2019, sobre el cual ambos países acordaron cooperar en materia de seguridad y defensa, así como la conjunción de sus fronteras marítimas, sin brindar especificaciones técnicas al respecto.


Esto generó que tanto Grecia como Egipto repudiaran el acuerdo debido a que el mismo obstruye la libre circulación sobre las zonas económicas exclusivas de ambos Estados. El memorándum daría sustento a las incursiones turcas dentro del plano energético en la región, puesto que el yacimiento de Zohr (situado sobre el espacio marítimo egipcio) sería la principal fuente de gas natural en el Mediterráneo Oriental; así mismo, el acuerdo tendría implicancias políticas y estratégicas en el conflicto libio, puesto que no solo brindaría apoyo armamentístico, sino que la primacía turca en materia energética dentro de la región desplazaría a Egipto, Grecia y al Chipre helénico, aliados al General Haftar quien se posiciona como principal contendiente del GNA libio.


Sin embargo los intereses turcos se verían minados por la presencia de capitales franceses (Total) e italianos (Eni), quienes ganaron la licitación para explotar el yacimiento de Zohr, involucrando potencias regionales y miembros de relevancia dentro de la Unión Europea, como lo son Francia e Italia. En paralelo, el proyecto israelí de construir, junto a Turquía, gasoductos con el fin de suplir la demanda europea, se desvaneció en el transcurso de las disputas entre Ankara, Atenas y El Cairo, inclinando la balanza para estos últimos.


Como contrapartida a las acciones turcas, Grecia y Egipto firmaron a principios de este mes un acuerdo con el motivo de delimitar una zona económica exclusiva de mutua explotación, similar al firmado entre Atenas y Roma en Julio de este año. Este convenio, según declaraciones de Ministro de Relaciones Exteriores griego, Nikos Dendias, dejaría sin efecto al acuerdo entre Turquía y el GNA de Libia.



Teniendo en cuenta esto, sumado a que los acuerdos entre las contrapartes limitarían por la vía legal el accionar turco, según filtraciones de fuentes cercanas al Presidente Erdogan, las exploraciones turcas habrían encontrado yacimientos y la extracción comenzaría a la brevedad. Esto conllevaría a una nueva escalada en las tensiones y la intervención de nuevos actores.


Desde Atenas han manifestado la voluntad de resolver esta contienda por vía diplomática, tal como lo refleja la reunión entre Dendias y Pompeo en Viena, siendo posible barajar la posibilidad de que Turquía se vea disuadida por la presencia estadounidense en el conflicto, así como por la presión ejercida al interior de la Unión Europea en favor de Grecia y Chipre, lo que debilitaría los lazos con el resto de los estados de la unión; sin embargo el concierto europeo se ve dividido al respecto, puesto que se han consolidado posturas al interior del proyecto de integración. Desde Paris y Atenas abogan por la intransigencia, desde Italia y España impulsan una resolución bajo términos más flexibles, mientras que la cancillería alemana busca situarse como de mediador del conflicto.


Sin embargo, el acople de la escuadrilla francesa a los ejercicios navales griegos podría inducirnos a pensar que desde el ejecutivo heleno están previendo una posible escaramuza con Ankara. Así mismo, la tendencia a lo largo del mandato de Donald Trump nos indica que difícilmente Estados Unidos se involucre de lleno en el conflicto, sumado al hecho de que tanto Grecia como Turquía son miembros plenos, y aliados estadounidenses, dentro la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). En este teatro geopolítico, y ante una posible contienda armada, Ankara se encontraría ante un escenario adverso al confrontar diversos rivales de igual envergadura.


Otra variable de suma importancia en esta contienda, es el precio del gas a nivel internacional. A pesar de que los precios del gas licuado se han registrado a la baja en los últimos meses y la demanda ha bajado en el continente europeo, el accionar del ejecutivo turco apunta en la dirección contraria. Tanto la investigación de nuevos yacimientos, como la extracción de gas y su logística, sumado al despliegue militar consecuente, conllevaría a una inversión de cuantía que el ejecutivo turco se vería en serias dificultades de costear, más teniendo en cuenta la devaluación de su moneda y el bajo margen de ganancia que podría obtener de su exportación.


Es en este punto donde podría encontrarse la clave de esta encrucijada geopolítica. La guerra civil en Libia, sumado al acuerdo entre el GNA y el ejecutivo turco, podrían develar las razones del accionar de Ankara.


Dentro de los Estados que apoyan al GNA libio, podemos encontrar al mayor productor de gas licuado a nivel mundial y el principal exportador al continente europeo, Catar. A su vez, los gasoductos cataríes que suplen la demanda en Europa llegan al continente vía Turquía, lo cual consolida a Ankara como un socio sustancial en la logística energética del Emirato. Así mismo, existe un nexo entre el GNA libio y Catar por medio de los Hermanos Musulmanes, quienes son apoyados por el gobierno de la península y poseen influencia en el gobierno del Estado africano. Es por esto que tanto Turquía como Catar están dispuestos a brindar apoyo militar al GNA libio.


Fuente: The Economist


Teniendo en cuenta los lazos mencionados, no debe extrañarnos que ante el bloqueo a la producción de hidrocarburos en Libia por parte del General Haftar (recientemente levantado), Catar y sus socios turcos busquen fuentes alternativas para compensar las pérdidas producidas por la inactividad y falta de mantenimiento de los posos libios. Así mismo, la incursión turca en el mediterráneo posibilitaría el desplazamiento de Eni, competidora de Qatar Petroleum (QP) en el mediterráneo oriental.


Otro dato relevante y que nos lleva a pensar en la influencia catarí en el proceder turco es la exploración y la explotación downstream, tal como la realizada por el buque Oruc Reis , la cual viene siendo la estrategia principal de QP desde el cambio de dirección en 2017. Un dato no menor y que consolida lo planteado es que:


En 2019 se han realizado descubrimientos de petróleo y gas en tres de los bloques de exploración. En el bloque 10 de Chipre, operado por ExxonMobil, el campo Glaucus fue descubierto con alrededor de 5trn-8trn pies cúbicos de gas, por lo que es potencialmente comercialmente viable si se desarrolla junto con otros dos campos también descubiertos en Chipre, siempre que se pueda llegar a un acuerdo sobre una ruta de exportación y las tensiones geopolíticas sobre los hidrocarburos entre Chipre y Turquía pueden ser resueltas

Como prevé el informe de The Economist, las tensiones entre Grecia y Turquía fueron inminentes y hasta el momento la posibilidad de llegar a un acuerdo parece lejana, siendo más factible una escala del conflicto si no hay un compromiso efectivo por parte de Estados Unidos y Alemania, dados sus vínculos comerciales y estratégicos con Turquía y Catar.


En síntesis, si tenemos en cuenta los actores involucrados y la dinámica del escenario regional podemos plantear que estas tensiones escriben un nuevo capítulo de la crisis diplomática que está afrontando el golfo pérsico.


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