Migración y COVID-19: El desarrollo postpandemico y la vulnerabilidad de los migrantes

Por Soledad Bravo

Doctoranda en Ciencia Política (UFPE)

Comité de Agenda Pública.

Palabras Clave: Migración, COVID-19, desarrollo humano, Agenda 2030, inclusión.

La irrupción del COVID-19 no solo ha generado nuevos desafíos para la salud, sino que también ha impactado sobre millones de personas. Si bien las enfermedades no distinguen clases sociales ni se rigen por el ingreso per cápita, la realidad ha evidenciado que el virus impacta de forma desproporcionada en relación a las diferentes desigualdades, ya sea en el plano sanitario, habilitaciónal o económico, perjudicando principalmente a los más vulnerables, como es el caso de los migrantes.

Una de las principales características de los flujos migratorios es que el asentamiento de dichas poblaciones genera un aumento en la diversidad al interior de las sociedades que los acogen. Esto no solo altera la configuración cultural, económica, étnica y religiosa sino que, en determinados escenarios, despierta sentimientos de rechazo, por lo que las migraciones son vistas como un peligro externo, una amenaza asentada en la diferencia del nosotros y el ellos, siendo notable en el contexto internacional actual.

Fuente: Migrants and Refugees


Según la Organización Internacional de Migraciones, se estima que los migrantes representan alrededor del 3% de la población mundial y su fuerza de trabajo equivale al 9% del PBI mundial. Estas cifras nos demuestran que el fenómeno de la migración no es un hecho aislado, sino que ha de representar, en términos cuantitativos, a una porción relevante de la sociedad internacional.


A principios de marzo de este año, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró al COVID-19 como pandemia, generando un aumento de las restricciones fronterizas, el cual afecto de lleno a las poblaciones de migrantes, quienes ahora no solo tendrían que lidiar con condiciones de vida infrahumanas, sino que también con el virus.


Fuente: Portal de Migraciones


Los números del gráfico, correspondientes al mes de Junio, ponen de manifiesto que el COVID-19 tiene un fuerte impacto sobre las poblaciones migrantes, ya que las mismas se encuentran carentes de un acceso garantizado a centros de salud, se ven imposibilitados de adquirir insumos que médicos que permitan una prevención eficaz del virus, y por sobre todas las cosas, de un hogar en el cual resguardarse del contacto sin prevención.


Es en esta relación compleja y dinámica de migración, desarrollo y COVID-19, es que se debe proporcionar un plan de acción que permita establecer metas y desafíos.


La Agenda 2030, creada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, prevé mecanismos para este tipo de escenarios. Los 17 objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS) procuran garantizar que “nadie se quede atrás”, mediante un abordaje centrado en el contexto de cada país, brindando flexibilidad mediante una implementarlo discrecional, pero teniendo en cuenta 3 características aplicables a todos los Estados: universalidad, inclusividad y asociación.


Teniendo en cuenta que los migrantes se encuentran entre los sectores más críticos y afectados por la crisis ocasionada por pandemia, es necesario notar que, en cuanto a las remesas, se estima que para fines de este año caerán a U$S 445 mil millones, cuando la proyección estimada era de aproximadamente U$S 574 mil millones. Conjuntamente, los bloqueos y restricciones en cuanto a la movilidad de personas han afectado los éxodos de trabajadores migrantes, provocando mayores vulnerabilidades de salud y desarrollo socioeconómico.

Considerando lo expuesto, surge el interrogante de saber ¿cómo puede construirse un entorno de desarrollo sostenible en todos los niveles, cuando una pandemia atraviesa de manera inesperada a toda la población mundial, y especialmente a los migrantes?


Su respuesta, en parte, puede encontrarse en cuatro principios básicos que permiten avanzar en la movilidad humana de manera inclusiva, universal y segura. Estos principios se asientan en el hecho de que la inclusión nos compensa a todos, la protección de los derechos humanos y la respuesta al COVID-19 no se excluyen mutuamente, hasta que todos no estemos seguros nadie lo estará y las personas en movimiento son parte de la solución.

Pero para ello, debe establecerse una coherencia entre el discurso, las políticas y prácticas en cuanto a migración y desarrollo; y a su vez, repensar cada uno de los diferentes ODS según cada país. También es preciso, mejorar la gobernanza a través de la aplicación de políticas planificadas, ampliar las posibilidades para que cada una de las personas logre desarrollar potencial humano, integrar a los migrantes en cada uno de los pasos de planificación, establecer coherencia política tanto en el nivel horizontal como vertical y considerar a todos los actores sociales y económicos.


Para que este proceso pueda llevarse a cabo, es necesario que se geste a través de la cooperación multinivel y fundamentalmente, desde una mirada holística de la migración.

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