La "bunkerización" de la escuela en pandemia

Actualizado: 20 sept

Por Ezequiel Santiago Rodriguez


Durante el año pasado asistimos a la "bunkerización" (si se me permite el término) del hecho educativo sin precedentes. La cantidad de documentación como respaldo aséptico de las acciones pedagógicas condujo a hacer foco en la normativa dejando de lado la pregunta por el sentido de lo que se hace.


Este abandono por momentos casi asfixiante de lo más humano de las clases (las preguntas, inquietudes, sentimientos, etc.) constituye lo que defino como "bunkerización", es decir la cerrazón sobre uno mismo de cada actor institucional utilizando como "paredes de hormigón" las resoluciones, reglas, planificaciones y toda normativa circulante.


Este proceso podría definirse como una agudización de la racionalización de lo vital imperante desde hace por lo menos un siglo. Presuntamente (Fidanza, 2005), fue Weber quien describió este fenómeno con el concepto de “jaula de hierro” que nos permite pensar ciertos cambios en nuestra civilización occidental tales como: la división alienante del trabajo, la pérdida del sentido religioso y las preguntas existenciales, la pérdida de sentido, en definitiva el encierro de lo más auténticamente humano. Este proceso tiene su correlato en la prevalencia de reglas (mesurables y controlables) sobre la vitalidad del proceso educativo. En el fondo podríamos decir que asistimos a una reformulación del ser docente como burócrata de la educación.


Podríamos definir este proceso como un cambio de rol, “La palabra rol viene de rótulos, denominación del cilindro que portaba el parlamento de cada actor en los orígenes de la dramaturgia. El desempeño de un rol remite siempre a un guión preexistente, a lo esperado. Un aspecto en el que vale detenerse ya que la inercia parece ser la condición natural del movimiento (“todo lo existente tiende a perseverar en su ser”, reza un axioma spinozista).” (Duschatzky, 2013). En este contexto hemos pasado la relación humana para vernos inmersos en una actitud de mera validación de actividades donde lo central es el rol y no la búsqueda de razones para construir algo juntos. La palabra actividades se aleja de la posibilidad de generar aprendizaje, ya que la tríada envío-recepción-corrección de actividades ha superado el navegar juntos por la experiencia y la realidad.


Más allá de las consideraciones epidemiológicas del caso (que exceden ampliamente el presente texto) podemos observar la primacía de la norma sobre la realidad, y como la subjetividad se encuentra abstraída. Pareciera que los alumnos son abstractos objetos de la norma y no sujetos con particularidades. Por otra parte, podemos observar como luego del momento “normal” (es decir de aplicación de la norma) se vislumbra un punto de humanidad donde el alumno abstracto tiene carne, huesos, historia, vida. Este segundo momento es el que corre peligro de quedar atrapado dentro de la jaula y que la escuela se convierta en un gran “acá no”.


Deligny en su texto Los vagabundos eficaces describe este fenómeno de manera certera este proceso donde la institución escolar se dedica a administrar mediocremente el surgimiento de problemas como si estos no fueran la posibilidad de permitir el ingreso de algo distinto, no pensado. El siguiente fragmento ilustra potentemente esta descripción:


Hipócritas partidarios de un orden social que se derrumba por doquier. Emplean con gusto un término magnífico que crece en las reuniones administrativas: la corrección moral...como si los niños tuvieran en alguna parte un fragmento que se moldearía en forma de cerviz…Quienes se resignan con docilidad qué pueden comprender de los niños que poseen la inverosímil audacia de manifestar trastornos de comportamiento? (Deligny, 2005).


El autor nos muestra que la escuela le tiene pavura a eso que no puede preverse, por eso la institución se vuelve paranoica en la “gestión del riesgo” desgastando toda la potencia de lo que acontece. Pero, contrariamente, lo que no puede anticiparse puede, al calor del desfondamiento de lo escolar, ser la materia con la que crear nuevos momentos significativos, nuevas formas de estar.


Dentro de este panorama que podría lucir desalentador podemos decir que aquello que en los distintos relatos “salva” lo escolar es aquello que toca lo humano, aquello que no puede preverse. Como decía Giussani (2008) solo algo que viene de fuera, que no está determinado por los acontecimientos anteriores y agrego, que se encuentran por fuera de lo “normal” es lo que nos permite retomar la capacidad instituyente de lo escolar, de volver a conquistar esa humanidad que permite que nazcan cosas nuevas. En este sentido la reconstrucción de la institución educativa partirá de generar ámbito de creación y de institución. Para esto la desregulación y la preeminencia de las comunidades educativas sobre lineamientos abstractos será fundamental.





Bibliografía


Calvo, L y Nardo, N. (2018) Entrevista a Ignacio Lewkowicz, “Creo que la escuela sólo tiene un sentido pedagógico si produce pensamiento”. Recuperado de https://latinta.com.ar/2018/03/la-escuela-solo-sentido-pedagogico-produce-pensamiento/.

Deligny, F. (2005) Los vagabundos eficaces. Editorial OUC. Buenos Aires.

Duschatzky, S y Serra, S (2003) Notas sobre el horizonte de la ignorancia. Material del diploma virtual. Buenos Aires.

Duschatzky, S (2007): Maestros errantes. Experimentaciones sociales en la intemperie. Buenos Aires: Paidós.

Duschatzky S. (2011) Imágenes de lo no escolar. En la escuela y más allá. Buenos Aires: Paidós.

Duschatzky, S y Aguirre, E (2013) Des-armando escuelas, Buenos Aires, Paidós.

Duschatzky S. (2015) No hay escuela en su nombre sino en su relación. Traficantes de Experiencias No 2. Recuperado de http://t-d-x.com.ar/a/no-hay-escuela-en-su-nombre-sino-en-su-relacion/#continuacion .

Fidanza, E. (2005) La jaula de hierro cien años después.Consideración acerca de una metáfora perdurable. Estudios Sociológicos Vol. 23, No. 69. México DC.

Giussani, L. (2008) El yo, el poder y las obras. Editorial Encuentro. Madrid.

Rancière, J. (2002) El maestro ignorante. Laertes. Barcelona.

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