Haití: crisis económica, emergencia sanitaria, inestabilidad política y el Magnicidio

Por: Josefina Ugolini


La república de Haití se encuentra atravesando un momento crítico en la historia del país, consecuencia de la inestabilidad política, la crisis económica, el débil sistema de salud, la inminente pobreza y el descontento social.


Este panorama no es nuevo para el país, desde el fin de la dinastía de los Duvalier en el año 1986, Haití sufre de una fuerte inestabilidad política caracterizada por cambios frecuentes de gobierno y una gran intervención extranjera en la administración política; a su vez, es el país con mayor pobreza de América y, en términos del Banco mundial, tiene un débil crecimiento económico. Sin embargo, esta situación, acarreada hace años, comenzó a intensificarse en el año 2019 con la rebelión popular llevando a tener su punto culmine en el año 2021.


¿Por qué el 2021 es tan conflictivo para los haitianos? El 7 de febrero del año corriente, el Presidente Moise, debía haber culminado con su mandato. Sin embargo, el ejecutivo anunció que su presidencia finalizaría en el año 2022, lo que conllevó a que gran parte de la población haitiana tome las calles de Puerto Príncipe, -convirtiéndose la ciudad en un foco de tensión- en aras de hacer pública su disconformidad con el mandatario.


La población en las movilizaciones de febrero, le exigía a Moise que abandone su puesto y realice el traspaso de poder. Sin embargo, el Presidente consideró que su mandato no debía terminar aún, y tuvo el respaldo de los Estados Unidos para reafirmar su posición.


Teniendo en consideración lo sucedido y, al no ser efectuada la petición de la población, sumado a ciertos hechos ilícitos e irregulares de parte de la clase dirigente, la polarización social junto con la inestabilidad política, se incrementaron aún más.


A este escenario, el 24 de mayo de 2021, se sumó la declaración de emergencia sanitaria por parte del gobierno producto del rápido avance del coronavirus en el país, y como consecuencia de la errada administración que los dirigentes políticos realizaron en su combate.


La falta de comunicación entre el gobierno y los manifestantes a principio de año, conllevaron a que la situación vaya agudizándose aún más con el correr de los meses, teniendo su punto culminé, el 7 de julio de 2021, con el asesinato de Jovenel Moise.


Si bien no se sabe aún como fueron exactamente los hechos, según las delaciones del embajador de Haití en Washington, existe la posibilidad de que haya sido llevado a cabo por extranjeros con ayuda de locales con el fin de mejorar el contexto del país. Pero lo cierto es que, a pesar de las intenciones del asesinato, una semana después del acontecimiento, la incertidumbre persiste en el territorio y se agudizó tras la declaración del Estado de sitio.


La incertidumbre y la insatisfacción que atraviesa a la población, evidencia la erosión del Estado haitiano y pone en jaque el rol de las fuerzas extranjeras en el país, demostrando que la recuperación del Estado debe ser interna, y no bajo la intervención de poderes internacionales - como ha demostrado querer el Primer Ministro-.


El incierto y difícil escenario que se encuentra atravesando Haití, no será algo que podrá resolverse en el corto o mediano plazo, el país necesita de una reconstrucción que sea llevada a cabo por una reforma en el sistema institucional, que permita demostrar su autonomía, sin necesidad de recurrir al respaldo extranjero.


Sin embargo, se puede pensar una solución a corto plazo y, a su vez, esperanzadora para la población, como lo es el llamado -adelantado- a elecciones, bajo la supervisión de autoridades internacionales que observen el proceso y puedan garantizar el normal desarrollo de las mismas.

Si bien el llamado a elecciones, no solucionan de raíz los problemas del país, es una vía para el fortalecimiento de la transición democrática y para disminuir la desconfianza que tienen los haitianos en el proceso electoral. A su vez, teniendo en consideración lo expuesto por Steven Levitsky y Daniel Ziblatt (2018) para que una democracia funcione es vital que coexista la tolerancia mutua y la contención institucional, y esto debe ser considerado tanto por los representantes como los representados en aras de velar por una mayor autonomía, un sistema institucional sólido y el pleno desarrollo democrático en el país.



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