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Feminización de la pobreza en la Argentina

Actualizado: 20 sept 2022

Por Laila Rapeport


¿Cómo se ve la pobreza en la Argentina? En 2019, el ex Ministro de Desarrollo Social de la Nación, Daniel Arroyo, la caracterizó de la siguiente manera: “tiene cara de joven y de mujer” [1].


El concepto de feminización de la pobreza nace en los años ´70 en la sociología de los Estados Unidos, que apuntaba sobre una diferencia en los niveles de la pobreza, y ponía en evidencia las desigualdades basadas en el género. En los trabajos cuantitativos iniciales, este se medía en relación a los niveles de pobreza en mujeres o en hogares a su cargo. Pero este hecho descriptivo no es capaz de explicar la vulnerabilidad de una familia o de una población, porque la categoría del género está interrelacionada con otras. Por ende, debe entenderse como un mecanismo que caracteriza a las unidades domésticas de los sectores carenciados.


En Argentina, la feminización de la pobreza es efecto de las desigualdades de clase, género, generación y etnia que se profundizaron desde la implementación de los programas económicos de la década del ´90. Es decir, que en el país se sufrió un crecimiento acelerado de la pobreza en las mujeres en comparación con los varones y entre las mismas mujeres: por un lado quienes ocupan posiciones desfavorecidas socialmente y por el otro quienes ocupan posiciones privilegiadas. Medeiros y Costa (2008) [2], proponen que este concepto debe complejizarse para abarcar como indicadores las brechas salariales, el acceso a recursos como crédito, tierras, justicia legal, reconocimiento político, cultural, etc; los cuales están históricamente condicionados.


Siguiendo a estas autoras, es conveniente hablar de una feminización de las causas de la pobreza, para de esta forma observar de manera completa cómo las jerarquías de género influencian la producción y reproducción de la situación de la pobreza.


Según un informe de la Dirección Nacional de Economía, Igualdad y Género (2021), “la consecuencia concreta […] es que las mujeres están sobrerrepresentadas en el decil de ingresos más bajos (66,1%) y son minoría en el de ingresos más altos (35,3%)” [3], siendo resultado de las desigualdades en el mercado del trabajo y las brechas del trabajo doméstico y del cuidado.

Organización de los cuidados


Las mujeres dedican más horas al trabajo doméstico, aún cuando se compara una que trabaja en una jornada completa con un varón desempleado (5,9 horas y 3,2 horas respectivamente). Este tiempo dedicado podría considerarse una jornada laboral adicional no paga. Tanto es así que si se suma estadísticamente la jornada laboral con la jornada doméstica de cuidados, las mujeres trabajan 7 horas más por semana que los varones. El tiempo gastado en los cuidados constituyen oportunidades perdidas de estudiar, trabajar por un salario, desarrollarse profesionalmente y hasta conseguir puestos jerárquicos en el ámbito laboral.


Cuando se analiza la distribución del trabajo no remunerado por rango etario, la diferencia en la distribución es mayor entre quienes son más jóvenes, de 18 a 29 años, y menor entre las personas de 60 años y más. La tasa de empleo hacia 2021 de este grupo etario era sólo del 27,6%. La dimensión de los cuidados, según el informe del Ministerio de Economía, “hace que la desigualdad se reproduzca y amplíe”. Incorporarlos al análisis posibilita entender las desigualdades que luego captan los indicadores laborales clásicos.


Mercado laboral


Según el INDEC, la brecha en la tasa de empleo entre hombres y mujeres es del 0,68%. En el segmento etario de 30-64 años, mientras que 8 de cada 10 varones participa en el mercado laboral, solo 5 de cada 10 mujeres lo hacen. El trabajo no siempre supone mejores condiciones, incluso podríamos plantear que supone lo contrario: las mujeres son más propensas a atravesar situaciones de desocupación y subocupación horaria. Con similares niveles de informalidad laboral, el ingreso medio de las mujeres asalariadas sin descuento jubilatorio representa el 70% del de los varones. Kaen y Lencina (2017) [4] enfatizan que el subempleo de las mujeres tiene un carácter estructural. Está situación involucra valores culturales por los cuales las mujeres son “secundarizadas en el empleo”.


En la Argentina, las mujeres se insertan principalmente en sectores vinculados al cuidado. Con una importante presencia de empleo informal e ingresos laborales más bajos, el servicio doméstico es la rama de ocupación con mayor índice de feminización del país. En el sector de la salud y los servicios sociales, 7 de cada 10 personas ocupadas son mujeres, pero por cada 100 pesos que gana en promedio un varón, una mujer gana 89. Se carga en las mujeres en edades de actividad laboral el papel de cuidadora del hogar y miembros de la familia inactivos, como también la percepción de ingresos para la subsistencia.


Diferencias intragrupo


Ibarra (2017) [5] identifica que las mujeres viven distinto tipo de situaciones. Por un lado, se encuentran las mujeres que habitan pisos pegajosos, que al tener un menor nivel de instrucción y de edad, sufren trabajos altamente precarizados. Por el otro lado, se encuentran las mujeres que con educación terciaria son limitadas por el techo de cristal para obtener puestos de mayor rango. Según el INDEC, sólo el 4% de las mujeres que trabajan ocupan cargos de dirección o jefatura, mientras que entre los varones el porcentaje es el doble. Entre las personas ocupadas, por cada 100 pesos que gana en promedio un varón, una mujer gana 79. En el interregno se encuentra un entorno de escaleras rotas para mujeres con estudios pero sin posibilidad de enfrentar las desventajas en la inserción laboral.


La situación descripta por Ibarra en 2017 se condice con los datos recabados por el gobierno nacional durante 2021. Los indicadores laborales y las posibilidades de autonomía económica presentan diferencias entre las propias mujeres cuando se toma en cuenta la posición socioeconómica, medida a través del ingreso o el nivel educativo alcanzado. Las mujeres con mayor nivel educativo triplican los niveles de empleo de aquellas con menor nivel de instrucción formal. Las mujeres con mayores niveles educativos presentan la menor brecha de género en el ingreso medio.


Conclusión


Existen algunos mecanismos que generan una feminización de los indicadores que originan una situación de carencia y vulnerabilidad. Esto se debe a la distribución desigual del tiempo gastado en tareas domésticas y de cuidados, que luego se traducen en una menor participación en el trabajo productivo y en una participación en peores condiciones. Asimismo, la reproducción de modelos culturales qué enfatizan el carácter de atención de la mujer operan en la realidad. Se profundizan las diferencias entre las mujeres añadiendo indicadores socioeconómicos al análisis, dando lugar a distintos escenarios que merecen distintas políticas públicas para acompañarlo.


Bibliografía


Bosio, M.E., Domínguez, A., Bard Wigdor, G., Soldevila, A. (2015). Demandas feministas en la Argentina contemporánea: las políticas de género en el marco del neoliberalismo. Conicet Digital, 92, 313-333. Disponible en: chrome-extension://efaidnbmnnnibpcajpcglclefindmkaj/viewer.html?pdfurl=https%3A%2F%2Fri.conicet.gov.ar%2Fbitstream%2Fhandle%2F11336%2F126069%2FCONICET_Digital_Nro.b92e8efc-d9cf-46ec-be0c-33f279c13ef2_X.pdf%3Fsequence%3D5%26isAllowed%3Dy


D'Alessandro, M., O'Donnell, V., Prieto, S., Tundis, F., (2021). Las brechas de género en la Argentina: Estado de situación y desafíos. Ministerio de Economía. Disponible en: chrome-extension://efaidnbmnnnibpcajpcglclefindmkaj/viewer.html?pdfurl=https%3A%2F%2Fwww.argentina.gob.ar%2Fsites%2Fdefault%2Ffiles%2Flas_brechas_de_genero_en_la_argentina_0.pdf&clen=1515182&chunk=true


Dirección de Estadísticas Sectoriales. (2021). Dossier estadístico en conmemoración del 110° Día Internacional de la Mujer. Disponible en: chrome-extension://efaidnbmnnnibpcajpcglclefindmkaj/viewer.html?pdfurl=https%3A%2F%2Fwww.indec.gob.ar%2Fftp%2Fcuadros%2Fpublicaciones%2Fdosier_estadistico_8M_2021.pdf&clen=3017396&chunk=true


Ibarra, V., E. (2018). Brecha de género y feminización de la pobreza en América Latina: una aproximación desde el informe de ONU Mujeres y la perspectiva de Federici. Etcétera , 2, 2-14. Disponible en: https://revistas.unc.edu.ar/index.php/etcetera/article/view/22063/22587


Kaen.C.I, Lencina.I. (2017). Feminización de la pobreza: intervenciones posibles. Margen, 87, 1-11. Disponible en: chrome-extension://efaidnbmnnnibpcajpcglclefindmkaj/viewer.html?pdfurl=http%3A%2F%2Fwww.margen.org%2Fsuscri%2Fmargen87%2Fkaen_87.pdf&clen=172360&chunk=true


Medeiros, M., Costa, J. (2008). Is There a Feminization of Poverty in Latin America?. World Development, 36, 1, 115-127. Disponible en: https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0305750X07001921


Weisburd.L; (et.al). (2011). Problemas de género en la Argentina del siglo XXI: feminización de la pobreza e inequidad del mercado laboral. Buenos Aires: Universidad de Buenos Aires. Disponible en: chrome-extension://efaidnbmnnnibpcajpcglclefindmkaj/viewer.html?pdfurl=http%3A%2F%2Fbibliotecadigital.econ.uba.ar%2Fdownload%2Fdocin%2Fdocin_ceped_c_011&clen=6297855&chunk=true


Argentina. (2019). “En Argentina la pobreza tiene cara de joven y de mujer”. Disponible en: https://www.argentina.gob.ar/noticias/en-argentina-la-pobreza-tiene-cara-de-joven-y-de-mujer


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