El nuevo orden: Blockchain, redefiniendo la soberanía

Actualizado: 20 sept

Por Lucia Armada


En un mundo donde la velocidad de intercambio es cada vez mayor, las fronteras físicas han sufrido diversas resignificaciones. Surgen interrogantes en tanto a los nuevos tipos de transacciones que plantea la realidad virtual. El abanico de posibilidades se abrió. Ya las relaciones humanas a distancia no se reducen a los medios de transporte tradicionales, sino que los canales digitales empezaron a eliminar la brecha. Hoy lo físico comienza a diluirse en consonancia con la estructuración de lo digital.


Con la aparición del Bitcoin, las herramientas financieras tradicionales vinculadas a lo estatal parecen de otra época. Nakamoto, su creador, revolucionó el sistema transaccional aplicando el concepto “peer-to-peer”. Constituye una red de pares, donde el intercambio fluye sin una institución de por medio. Planteando así un modelo de comunicación descentralizado que ya no se respalda en la confianza a una tercera parte, sino que lo hace en las pruebas criptográficas que son de código abierto. Esto es que las transacciones (el “tape”) son públicas para mayor transparencia, pero las identidades (“public keys”) son resguardadas en forma anónima para respetar la privacidad.


Aquí es donde entra en juego la importancia del concepto del Blockchain. Se dejan atrás los sistemas centralizados de instituciones intermediarias que poseían la soberanía sobre la información, para que esta última sea devuelta a los usuarios. Son los mismos usuarios los que controlan los procesos en los intercambios de principio a fin. El único requisito es que las transacciones sean verificadas por varios usuarios, llamados “nodos”, para ser registradas. Para validarlas, cada uno de los nodos debe verificar que se encuentren las condiciones dadas por lado de las partes para concretar la gestión.


Las transacciones pueden ser de cualquier tipo. Lo interesante de esta tecnología es su inquebrantabilidad. Esto es gracias al cifrado que protege la seguridad de los datos, sellando los bloques que contienen las transacciones a través de una serie de cálculos complejos que los registran en la cadena de manera permanente e inmodificable. Gracias a esta cadena que se sincroniza entre los nodos, se logra la irreversibilidad de las transacciones.


El Blockchain ya es la herramienta que caracteriza nuestra época. A partir de su complejidad podríamos vislumbrar posibles soluciones para estos intercambios propios del mundo globalizado. Sin ir más lejos se encuentra el caso de El Salvador en su intento de avance del bitcoin como moneda legal.


Hoy en día podemos encontrar varios proyectos que utilizan el Blockchain como base. Uno de los más revolucionarios a nivel política digital es el protocolo Proof of Humanity que comenzó de la mano del argentino Santiago Siri, fundador de Democracy Earth, en conjunción con un servicio de arbitraje descentralizado llamado Kleros.





Siri ve al mundo a través de un prisma sistémico donde los integrantes se comportan bajo determinadas reglas de juego. Entiende la existencia de una correlación entre los sistemas políticos y el Blockchain y la estructura de cláusulas legales y códigos en una computadora, entendiéndolos como dos caras de una misma moneda (One block, one vote).


Siri se concentró en la investigación de la democracia digital. Observa que el poder de lo digital (del cloud) no se limita a ubicaciones geográficas ni a monedas fiduciarias y con esto comienza a cuestionar la noción de ciudadanía y de Estado en el siglo XXI. Al entender que en la política tradicional sólo algunos conocen las reglas de juego y toman decisiones a puertas cerradas, busca abrir el juego a todos los participantes del sistema descentralizándolo gracias al Blockchain. Donde antes se determinaba la validez de un contrato recurriendo a una autoridad institucional ahora se recurre a la criptografía. Es decir, se recurre a la matemática aumentando el nivel de rigor, inmutabilidad y anticorrupción.


Uno de sus primeros pasos en esta conjunción del rol político con la programación fue la creación del Partido de la Red, primer partido político digital en presentarse a elecciones. Este proponía que los candidatos votaran todas las leyes de acuerdo con lo que la ciudadanía debatía online permitiendo una mayor representación ante la liquidez de los cambios modernos. Lo interesante de este proyecto fue los interrogantes que planteó acerca de las herramientas que se necesitarían para formar una democracia digital. Y allí surge el blockchain ofreciendo una tecnología de código abierto libre y descentralizado que permite informar, debatir y votar, es decir, implementar democracias donde sea que haya conexión a internet. De estos conceptos nace su nuevo proyecto: Democracy Earth.


A través de Democracy Earth se realizaron pruebas piloto de democracia digital en contextos reales. Sin embago, sufrieron ataques virtuales vinculados a la suplantación de identidad (civil attack). Gracias a ello entendieron que una parte clave del plan para instaurar democracias digitales consistía en la idea de una identidad descentralizada, libre de manipulación por entidades que concentren nuestra información privada.


Así, desarrollan el Proof of Humanity que es la primer Organización Autónoma Descentralizada (DAO por sus siglas en inglés) democrática en Ethereum. Una comunidad en donde las decisiones son tomadas por los miembros y cada uno tiene la capacidad de votar. Gracias a este protocolo podemos replantear la cuestión de identidad donde la gente vota con tokens porque carece de identidad formal.

Utilizando la plataforma Ethereum, que tiene su propia cadena de bloques, identifica mediante contratos inteligentes (como ser el UBI Token) los tipos de intercambios y las reglas de juego. Esto permite mayor transparencia y rendición de cuentas, buscando estructurar un gobierno horizontal. Con todo ello se busca que las identidades no sean falsificadas. Como explica Santiago, Proof of Humanity no son naciones unidas, sino humanos unidos.


En este proyecto cuentan con el apoyo de Kleros, un protocolo de toma de decisiones descentralizado construida sobre Ethereum, que funciona como un sistema de justicia y de resolución de conflictos. Cada paso del arbitraje está automatizado y codificado en contratos inteligentes lo que le permite no depender de la honestidad de unos pocos, sino en incentivos económicos provenientes de la teoría de juegos. Kleros se basa en el sistema de justicia ateniense, donde los cargos se elegían por sorteo y al decidir se utilizaban sistemas de incentivos y recompensas.


Todo ello implica que nos encontrarnos frente a un momento de transición. Por un lado, continuamos con una tradición política moderna con una idea de Estado Nación; por otro, comienza a surgir un nuevo paradigma que busca cambiar todas las reglas de juego. Este nuevo paradigma que está aflorando genera preguntas no solo de índole económica, relacionado al tema de la fluctuación de la moneda, sino también desde el ordenamiento político.


¿Estamos dirigiéndonos a un mundo post-político? ¿Es posible la descentralización a escala global? ¿Los incentivos de las teorías de juegos realmente tenderán hacia la participación? ¿Estos nuevos sistemas de solución de conflictos permitirán que el ideal de “Humanos Unidos”, la transparencia pura de los intercambios, progrese? ¿Acaso estamos quitándole “humanidad” a los hombres y reduciéndolos a simples identidades de intercambio? ¿Cómo se regularía la jurisprudencia en un mundo que busca trascender lo estatal? ¿Existirá el poder de policía una vez superadas las instancias de apelación en Kleros?

Todos estos interrogantes son interesantísimos. Sin embargo, no debemos olvidar que aún vivimos bajo la égida del estado-nación, por lo que tender puentes entre ambos modelos podría resultar sumamente beneficioso para la democracia. Si entendemos a las blockchains y sus plataformas como herramientas podremos atravesar la transición sin grandes sobresaltos. La cuestión no es si estos cambios ocurrirán (ya son una realidad), sino cómo. En política, las formas importan.


Lucia Armada

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