El despertar de Cuba

Por: Ariadna Galarza y Josefina Ugolini



América Latina se encuentra envuelta en una nueva ola de manifestaciones, pero, sin duda la más llamativa es la que tuvo lugar el pasado domingo en Cuba; la isla, hace más de medio siglo que no presentaba manifestaciones de esa magnitud.

La República de Cuba se encuentra atravesando una de sus peores crisis luego de lo ocurrido a principios de los años 90 conocido como el “Maleconazo”. El país, no solo se encuentra inmerso en una profunda crisis económica tras la caída del turismo -principal fuente de ingreso- producto de los diferentes confinamientos y medidas restrictivas. Sino que, sumado a esta situación de vulnerabilidad, la situación sanitaria se encuentra devastada. Una gran cantidad de muertes y un número infinito de contagios azotan al país y denotan la debilidad del sistema y el desapego por parte del gobierno a dicha situación.

Ante esta situación, el domingo 11 de julio los cubanos de diferentes sectores del país tomaron las calles de diversas ciudades en aras de demostrar su hartazgo con la situación actual pero sobre todo, con el accionar del gobierno. Entre las demandas se destacó la escasez de alimentos y el mal manejo de la pandemia, pero no se obviaron temas como los repentinos cortes de electricidad, la falta de libertad del pueblo y la constante petición de ayuda humanitaria.

Amén de buscar una pronta solución a la insostenible crisis económica y sanitaria, el pueblo tomó las calles con el fin de derrocar el régimen que por más de 60 años persiste en el país sin evidenciar connotaciones favorables para la prosperidad del territorio. Frente a dichas demandas, el actual Presidente cubano (Diaz-Canel) decidió instar a la realización de “contramarchas” por parte de individuos que se muestran a favor del régimen; generando así un clima de mayor tensión, violencia e incertidumbre.

Tras el revuelo del domingo, se deben destacar dos lecturas sobre lo acontecido. Por un lado, la postura del gobierno cubano quien asegura que los hechos fueron planificados y solventados por los Estados Unidos, afirmando así que no es el verdadero cubano quien se enfrenta a su régimen. Las autoridades cubanas mantienen firme su acusación al régimen estadounidense y aseguran que el embargo impuesto por dicho país -que lleva aproximadamente 60 años- es la causa fundamental de la situación actual. Por otro lado, se encuentra la postura del pueblo cubano que se manifiesta; estos, velan por la protección de sus derechos y libertades y buscan poner fin a tantos años de acatamiento, sufrimiento y opresión.

A lo largo de los últimos años, las medidas establecidas por los Estados Unidos contribuyeron en gran parte a generar en el pueblo cubano una disconformidad con la forma de gobierno, pero aun así, no es la principal razón por la cual se desencadenó el estallido social masivo en el territorio. El descontento social se basa en la falta de representatividad por parte del gobierno y en la profunda brecha económica existente entre gobernantes y ciudadanos.

A pesar de los reiterados esfuerzos tanto de las autoridades cubanas como de su país aliado -Rusia- en intentar desvirtuar y/o ocultar la situación que está atravesando el pueblo cubano, ya son miles de personas alrededor del mundo que, a través de las redes sociales y diferentes hashtags como #SOSCuba #CubaLibre #CubaViva publican imágenes y videos de lo que está aconteciendo en el país en aras de demostrar su realidad y solicitar apoyo internacional.

La disconformidad por parte de la población es evidente, su necesidad de ser escuchada y gozar de sus derechos y libertades se intensifica. Lo que pide la población es el pleno desarrollo de sus necesidades básicas, algo que cualquier gobierno debería brindar y garantizar, pero aun así, para su representante, esto no es una prioridad. En época de pandemia, tal como afirmó Steven Levitsky (2020) es inevitable y absolutamente necesario que los gobiernos -indiferentemente de su forma de ejercer el poder- limiten los derechos de las personas pero aún así, llevado a la situación actual de Cuba, las restricciones y limitaciones han superado los límites de la población.

La represión a las manifestaciones y la falta de una respuesta clara y contundente por parte del gobierno, demuestra que no posee interés en respetar los derechos y libertades básicos del pueblo. En términos de Giovanni Sartori (1992), se puede describir el mandato de Diaz-Canel como un poder sin vínculos y sin ningún tipo de límites, incapaz de cambiar sus objetivos en aras del bien común.

Si bien tres días después del estallido social, el Presidente comunicó una serie de nuevas medidas (tales como, la eliminación temporal a las restricciones aduaneras de medicamentos y alimentos, mejorar el servicio eléctrico, ayudar a los más carenciados a acceder a la canasta básica) para calmar la situación, y demostró tener una postura pacifica ante la oposición; es evidente que se vio forzado tanto por la población como por la presión internacional a realizarlo. Siendo estas medidas una manera de contener al pueblo y no una verdadera solución a los problemas de trasfondo que enfrentan los cubanos cotidianamente.

Ante esto, se puede evidenciar que la población cubana se encuentra frente a un gobierno sin legitimidad, las acciones de su principal representante ya no son válidas y denotan su falta de interés en la situación de sus gobernados. Frente a un gobierno que no escucha a su pueblo, el hartazgo de la sociedad y la falta de partidos políticos reconocidos que apacigüen la situación, se puede evidenciar que el futuro de Cuba es aún incierto. Sin embargo, esto debe ser visto como el comienzo de una nueva etapa en el territorio que pondrá fin a largos años de régimen comunista.





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