América Latina y tres caminos al mundo post-pandémico

Por Francisco Oyuela

Estudiante de Relaciones Internacionales (UCA)

Comité de Geopolítica y Relaciones Internacionales

Palabras clave: Latinoamérica, Estados Unidos, China, Relaciones Internacionales, Desarrollo regional.

El mundo en el que vamos a vivir post-pandemia será, sin dudas, uno distinto y renovado. No sólo somos partícipes de una pandemia, sino que ésta puede estar actuando como catalizador ante los principales nudos de tensión internacional. En este contexto, aquello a lo que debemos prestar atención es, sin duda, la posición de Latinoamérica en esta nueva escena internacional que nos tocará afrontar, tanto desde el rol de ideólogos, como del de decisores.

[...] los devoran los de afuera”

José Hernandez


El caudal de noticias y eventos internacionales sobre conflictos, acuerdos, o intereses, es inmenso. Además, las nuevas tecnologías que hace 10 años se pensaron como elementos de vanguardia, hoy son parte de la vida diaria. De todas maneras, hay tres elementos clave que van a redefinir la estructura internacional post-pandemia.

En primer lugar, el binomio China-Estados Unidos y su “guerra comercial”, centrada en el valor del soft-power y una lenta, pero progresiva, revitalización de las capacidades de proyección militar en el escenario geopolítico. Así mismo, las nuevas tecnologías, la industria del conocimiento, el software y el desarrollo de una nueva forma de capital. En tercer lugar, la búsqueda de un nuevo modelo económico que, siendo hijo del formato liberal, encuentre la forma de incorporar la cuestión medioambiental.

En este contexto, aquello a lo que debemos prestar atención es, sin duda, la posición de Latinoamérica en esta nueva escena internacional que nos tocará afrontar, tanto desde el rol de ideólogos, como del de decisores. Es oportuno mencionar que el camino de la región actualmente se dirige hacia la irrelevancia estratégica. Nuestro continente cuenta con todas las complicaciones como para no sentarse en la mesa de decisiones, dicho de manera coloquial: “si no estás en la mesa, estás en el menú”.


Desde una perspectiva económica, América Latina cuenta con una vasta extensión de tierras, pero una densidad demográfica muy baja (para representar un mercado interesante). En el enfoque militar, las Fuerzas Armadas no representan un peso fuerte en términos de poder, dado que la falta de tecnología nuclear implementada para la defensa y la carencia de drones, posicionan a nuestros militares en desventaja con otras fuerzas en el plano internacional. En el enfoque social, el mito de la “zona de paz” se ve en jaque ante una violencia acrecentada por el narcotráfico. Como si estas variables fueran poco, existen tres aristas que mencionamos como los elementos clave para la realidad futura.

¿Cómo se acoplará Latinoamérica a este nuevo escenario político? Los caminos posibles estarán atravesados por las cuestiones que mencionamos anteriormente (binomio China-EEUU; software y nuevas tecnologías; agenda ecológica-liberal). Existirán tres opciones: la menor, la superadora y la realista. De todas maneras, estas deben ser tenidas en cuenta como “tipos ideales”, para entender a grandes rasgos lo que será la actitud regional.


La opción menor tendrá su eje en la importancia de la dualidad entre China y los Estados Unidos. Si el peso de esta contienda en los asuntos latinoamericanos es mayor, llevará a que el terreno de competencia se vuelva furtivo. Para entender mejor por qué esta opción es la menor, debemos tener presente la idea de que el binomio sino-americano, actúa de manera centrífuga para América Latina. Es decir, los componentes que conforman a la región tenderán a un distanciamiento entre sí, y los agentes particulares (desunidos) serán la regla.

¿En qué se cimienta esta dinámica? Por un lado, la región se ha sabido ejemplo de cómo no formar una unión sólida entre países, con la primacía de estados free-riders y alianzas multilaterales fallidas. Por el otro, se debe, en parte, a las características intrínsecas de la llamada “guerra comercial”. Este enfrentamiento entre dos potencias muchas veces es comparado a la Guerra Fría, lo cual más que un error, es un desacierto. La explicación de esto sería digna de un artículo en sí mismo, pero aquí vamos a basarnos en algunos elementos claros. Para empezar, es la característica intrínseca del conflicto (así como con los soviéticos se debatía entre un mundo regido por la ideología liberal y la comunista), hoy la rivalidad con China se da en otro marco ideológico, de mucha más finitud entre ideas. Además, tenemos la clara inserción de China en el mercado mundial, no sólo como tenedora de deuda, sino como uno de los principales actores en cuanto a desarrollo e inversión mundial, económica y militarmente. Hoy el gigante asiatico es un competidor más de los EEUU, quizás el más relevante, pero no más que eso. En este contexto de competencia, veremos a Latinoamérica parada no frente a dudas, sino cosas que parecerán certezas.

¿A qué hacemos referencia? Cuando llegue la hora de endurecer y decidir por China o Estados Unidos, cada país sudamericano tendrá que ver a quién le debe favores, y quién promete una posición más afín a los intereses nacionales. Esto parecería una idea lógica, pero ante dos gigantes, las posibilidades se equilibrarían “hacia abajo” dado que el nivel de desarrollo regional no es autosuficiente. En pocas palabras, quedaremos a merced de aquel que ofrezca mejores condiciones o sea lo suficientemente benevolente. Además, esta “opción menor” traería a flote los intereses particulares e inmediatos de cada nación, facilitando las cosas para una partición de las áreas de influencia.

Así como tenemos una hipótesis de mínima, podemos también intentar dilucidar una de máxima. Básicamente lo que se puede esperar de este caso es una unión fuerte de la región, que proponga de manera superadora y coordinada actuar en orquesta ante un mundo multipolar con dos figuras predominantes.

Para esto se precisan varios elementos como: sintonía en la voluntad política, revitalización de organismos que viven un estancamiento prolongado, orden interno, y muchas más características que hoy parecen lejanas. Lo que debe darse es un espíritu magnánimo del latinoamericanismo, buscando en sus raíces, pero también mirando hacia un futuro más interconectado. En este contexto, Latinoamérica podría sentarse a dialogar en unidad ante el mundo, con una idea clara sobre qué quiere y qué necesita. Puede salir bien, así como ser desastroso.

Es decir, las potencias en pugna pueden acoger un camino claro de la región que lubrique las relaciones y el desarrollo. O bien, hay actores que pueden verse amenazados y no boicotear, pero sí ser más reticentes a la negociación. Esta posibilidad se da porque al día de hoy, América Latina no es fundamental para nadie, no hay ningún producto o servicio (sea primario, secundario o terciario) que brinde esencialmente al exterior. La posibilidad estará en encontrar de manera coordinada aquél diferenciador que el extranjero necesite (dígase Litio, Software, Energía, etc).


Finalmente, nos encontramos con una última opción que podemos llamar “realista”, o “de alcance medio”. El camino del que ahora hablaremos, estaría definido no por una magnanimidad, sino por un compilado de pequeños objetivos a cumplir en un largo camino a la previsibilidad.

¿Cómo funcionaría esto? A través de acuerdos específicos sobre temáticas determinadas, primero hacia adentro y luego hacia afuera. Esto no significa buscar el ambicioso triunfo de una gran conglomeración de acuerdos que abarquen de manera agigantada a la región. Señalemos las claras capacidades que la región está demostrando en simultáneo, que pueden servir de base para acuerdos multilaterales. La idea general aquí sería que, es más fácil ponerse de acuerdo en temas determinados, que acordar sobre un principio ordenador continental.


Vayamos al litio y las fuentes de energía, los recursos compartidos por los países del Cono Sur y México podrían llevar a un acuerdo específico sobre producción y distribución de material energético latinoamericano para el mundo. El software, la industria del conocimiento y las nuevas tecnologías, (donde Argentina compite mundialmente) podrían dar la posibilidad de ser una región moderna, pívot de los desarrollos futuros.

Si vamos por los problemas y no por las oportunidades, tenemos el crimen organizado que cada vez es más internacional, es un área que se puede explotar de manera muy efectiva dada la necesidad de los estados de complementarse. En fin, existen tantos ejemplos como elementos de la realidad política, el gran concepto que debemos tener en cuenta para seguir este camino es el de formar una estructura de “un ladrillo a la vez”, y así conseguir la solidez y previsibilidad estructural necesaria. Tanto para ser relevantes por el desarrollo que esto implicaría, como para ser tenidos en cuenta a la hora de afrontar una negociación. Fundamentalmente en el caso de que condicione las capacidades reales de nuestro continente.

Estas son las tres rutas posibles: cada uno por su lado negociando ante gigantes; la aspiración a nuestro propio (y magnánimo) gigantismo; o pequeños acuerdos reales, técnicos y objetivos.

Cualquiera de estos caminos tiene igual probabilidad de suceder, lo importante será conocer cuál se está recorriendo. Es esencial que la casta política tenga la capacidad de discernir costos y beneficios en cada caso, y para esto es definitivo contar con la calificación técnica de los miembros del círculo de decisores de la política. Como última aclaración, cabe mencionar que América Latina aún no ha sufrido una situación que lo lleve a depender totalmente de otros, el desarrollo autosuficiente está solo a unas decisiones de distancia.

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